"Ofrezco a los hombres un Recipiente con el que han de venir a la Fuente
de la Misericordia para recoger gracias. Ese Recipiente es esta Imagen
con la firma: JESÚS, EN TI CONFÍO"


Soy
todo tuyo y todas mis cosas Te pertenecen. Te pongo al centro de mi
vida. Dame tu Corazón, oh María.
Soy
todo tuyo, María
Madre de nuestro Redentor
Virgen Madre de Dios, Virgen piadosa. Madre del Salvador del mundo.
Amen.
¯¯¯
Salve, Reina del Cielo
y Señora de los ángeles;
Salve Raíz, salve Puerta,
que dio paso a nuestra Luz.
Alégrate, Virgen Gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, agraciada Doncella,
ruega a Cristo por nosotros.



Oh Dios Padre
Misericordioso, que por
mediación de Jesucristo, nuestro Redentor, y de su Madre, la
Bienaventurada Virgen María, y la acción del Espíritu Santo,
concediste a tu Siervo Juan Pablo II, Servus Servorum Dei,
la gracia de ser Pastor ejemplar en el servicio de la Iglesia peregrina,
de los hijos e hijas de la Iglesia y de todos los hombres y mujeres
de buena voluntad, haz que yo sepa también responder con fidelidad
a las exigencias de la vocación cristiana, convirtiendo todos los
momentos y circunstancias de mi vida en ocasión de amarte y de servir
al Reino de Jesucristo. Te ruego que te dignes glorificar a tu Siervo
Juan Pablo II, Servus Servorum Dei, y que me concedas por su
intercesión el favor que te pido... (pídase). A Tí,
Padre Omnipotente, origen del cosmos y del hombre, por Cristo, el que
vive, Señor del tiempo y de la historia, en el Espíritu Santo que
santifica el universo, alabanza, honor y gloria ahora y por los siglos
de los siglos. Amén.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria
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HIMNO
A CRISTO
(Cántico
de la carta de San Pablo a los Colosenses (1,
3.12-20)
Demos
gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.
Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al Reino de su Hijo
querido,
por cuya Sangre hemos recibido la Redención,
el perdón de los pecados.
Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de Él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por Él y para Él.
Él es anterior a todo, y todo se mantiene en
Él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la
Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre
los muertos,
y así es el primero en todo.
Porque en Él quiso Dios que residiera toda la
plenitud.
Y por Él quiso reconciliar consigo todos los
seres:
los del Cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la Sangre de su Cruz.
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Preside esta
edición inaugural de El CAMINO DE JESÚS
el gran himno Cristológico con el que comienza la Carta a los
Colosenses, en que sobresale la figura gloriosa de Cristo,
corazón de la liturgia y centro de toda la vida eclesial. El
horizonte del himno incluye a toda la Creación y a la Redención,
abarcando a todo ser creado y a toda la historia. En este
canto se puede percibir el ambiente de fe y de oración de la
antigua comunidad cristiana y el Apóstol Pablo
recoge su voz
y testimonio, imprimiendo al mismo tiempo al himno su impronta.
Dada la importancia de este himno en la Cristología, es que
lo hemos elegido para iniciar esta edición en la que
contemplaremos una serie de reflexiones sobre CRISTO
EN EL PENSAMIENTO Y EN LA VIDA DE SAN PABLO, propuestas
ante el Santo Padre Benedicto XVI y los integrantes de la
Curia Romana por el
Padre R. Cantalamessa,
Predicador de la Casa Pontificia, durante el Tiempo de
Adviento de 2008.
El Papa
dijo que “en el pasado se solía hablar de una
tendencia anti-cultual del Apóstol de las Gentes, de
una “espiritualización” del culto. Sin embargo,
en la actualidad se comprende mejor que Pablo ve en la
Cruz de Cristo la clave que transforma y renueva
radicalmente la realidad del culto”.
Comentando
tres textos de la Carta a los Romanos, en los que San
Pablo se refiere a esta “nueva visión del culto”,
Benedicto XVI explicó que en el capítulo tercero el
Apóstol afirma que “Dios constituyó a Cristo Jesús
en “sacrificio de propiciación mediante la fe en su
Sangre”, indicando así “que el culto antiguo que
se llevaba a cabo en el templo de Jerusalén, con los
sacrificios de los animales, (...) ha sido sustituido
por el culto real: el Amor de Dios encarnado en Cristo
y llevado a su plenitud con su muerte en la Cruz. No
es una espiritualización de un culto real, sino que
el culto real sustituye al culto simbólico y
provisional”.
El Papa
dijo que en el capítulo doce, el Apóstol exhorta a
los cristianos “a ofrecer sus cuerpos como
sacrificio vivo, santo y agradable a Dios: éste es
vuestro culto espiritual”.
“Existe
el peligro de interpretar el verdadero culto -subrayó-
en sentido moralístico: ofreciendo nuestra vida
hagamos el verdadero culto. De este modo, el culto con
los animales sería sustituido por el moralismo: el
ser humano mismo haría todo con su esfuerzo moral. Y
esta no era la intención de San Pablo”.
Benedicto
XVI puso de relieve que sólo en la unión con Cristo,
“podemos llegar a ser en El y con El “sacrificio
vivo”, ofrecer el “culto verdadero”. (...)
Jesucristo, en su donación al Padre y a nosotros, no
nos sustituye, sino que lleva en sí nuestro ser,
nuestras culpas y nuestro deseo; nos representa, nos
asume. En la comunión con Cristo, realizada en la fe
y en los sacramentos, nos convertimos -a pesar de
todas nuestras carencias- en sacrificio vivo: se
realiza el “culto verdadero”.
La Iglesia,
dijo, “reza para que la comunidad que celebra el
sacrificio esté realmente unida a Cristo, (...) de
modo que lleguemos a ser (...) una ofrenda que agrade a Dios, que es gloria de
Dios”.
Finalmente,
en el capítulo quince de la Carta a los Romanos,
“San Pablo interpreta su acción misionera entre los
pueblos del mundo para construir la Iglesia universal
como acción sacerdotal” y “la meta de su acción
misionera es la liturgia cósmica: que los pueblos
unidos en Cristo, el mundo, sea como tal gloria de
Dios”.
El Santo
Padre concluyó su catequesis expresando: “La
auto-donación de Cristo implica la
tendencia a atraer a todos a la comunión de su Cuerpo,
a unir el mundo. Solamente en comunión con Cristo el mundo llegará
a ser tal
y como todos lo deseamos: espejo del Amor Divino. Este
dinamismo está siempre presente en la Eucaristía;
este dinamismo debe inspirar y formar nuestra vida”.
Dios
Padre Misericordioso, que proclamaste solemnemente a
Cristo como tu Hijo amado, cuando era bautizado en el
Jordán y descendía el Espíritu Santo sobre Él, concede a
tus hijos de adopción, renacidos del agua y del Espíritu
Santo, que se conserven siempre dignos de tu
complacencia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que
vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y
es Dios, por los siglos de los siglos. Amén
Marisa y
Eduardo
Directores de contenido de
www.ElCaminodeJesus.com.ar, sitio inaugurado en Internet el
Domingo 11 de enero de 2003, Solemnidad del Bautismo de Jesús
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